Pensamientos, ideas, palabras que engulle la arena en el mismo instante en que se han escrito

miércoles, 13 de junio de 2018

Desde Macondo. MÁS QUE CHAPA Y PINTURA

He podido sentir, casi físicamente, cómo brincaban los corazones en los pechos de millones de españoles, de todo color y condición, en el mismo instante en que el flamante presidente del país ofrecía un puerto para que atracara el Aquarius, el barco cargado con más de seiscientos emigrantes que vagaba por el Mediterráneo de rechazo en rechazo.
        No creo que quedara un español de bien que no se sintiera orgulloso del gesto, que no soltara un suspiro de alivio tras días de congoja e imágenes sobrecogedoras. Y que no dijese, aunque para su fuero interno, eso que pensamos muchos. No es lo mismo. Claro que no. Puede que sea un gesto, pero los gestos son importantes. Y marcan diferencias.
        Con todo, me asusta pensar que lo que nos queda por delante, lo que le queda al Gobierno Sánchez, no es una faena de aliño, es algo más que chapa y pintura, que el daño es profundo, la maquinaria está muy deteriorada y costará mucho volver a ponerla en marcha y que ruede aceptablemente bien.
        Lo que queda por delante no es ejecutar el programa de un partido, sino analizar pieza por pieza el motor renqueante de una democracia pervertida y desmembrada, y al tiempo, generar confianza en que se podrá retomar la marcha y rodar hacia un destino más halagüeño. Hacia un futuro menos imperfecto.
        Como si una apisonadora nos hubiera pasado por encima, todos los elementos sociales, políticos e institucionales presentan tal grado de deterioro que no sabría por dónde empezar la reconstrucción. Que reparar un par de abollones y dar unos brochazos a los arañazos ayuda, sobre todo para tomar aire y presentar nueva cara, pero sólo es maquillaje. Chapa y pintura.
        Debajo están los derechos sociales pisoteados, los laborales desaparecidos, la sanidad dañada hasta el infinito, la educación hasta más allá, la desigualdad institucionalizada y la pobreza, casi también.
         Una vez pasada la euforia de los primeros días, una vez recobrada la ilusión, que andaba escondida en algún rincón del alma en exilio involuntario, hay que meter en talleres este país nuestro y emplearse a fondo en limpiar bujías y filtros, en sustituir piezas inservibles, en traer de vuelta a las que dejaron de funcionar y en añadir las precisas para que el motor suene como debe sonar. Como el de un país en marcha que, con todas las dificultades, quiere salir adelante.
        Queremos cambiar de cara, que los colores sean más brillantes y que se reparen los arañazos y los abollones. Pero sobre todo, confiamos en que en que el cambio sea algo más, mucho más que chapa y pintura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario