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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Desde Macondo. ENTRE PARÉNTESIS

No es que tengamos el mejor patrón, que con la cantidad de hombres y mujeres que habitan el Santoral, podía habernos tocado alguien que, así de entrada, no se nos represente como un  adusto hombre de negro, con un enorme saco en el que va echando sin piedad nuestros pocos dineros.
          Y es que ni en Ferias podemos librarnos de la maldita economía (macro y micro) que se ha adueñado de nuestras casas, nuestras vidas y nuestro ser, ya que el “titular” de las fiestas de septiembre es San Mateo, de oficio, recaudador de impuestos. Seguro que cualquier santo será más dicharachero y adecuado, especialmente en estos momentos, que el susodicho, que al parecer era odiado y temido a partes iguales.
          Eso sí, hasta que Jesús lo llamó a su vera. Pero el caso es que pienso en la Feria y la imagen que me devuelve el pensamiento no es la de las tómbolas, los chiringuitos, la noria o el tren de la bruja.  Ni apelando a la gula, ya saben, pinchos morunos, montaditos de lomo o morcilla de El Pastor, puede una apartar la imagen del maldito dinero.
          Dice la biografía del santo, que me la he leído, que los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente, y a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, apretando las tuercas a los pobres ciudadanos e insensible a su sufrimiento y a las penurias a las que los condenaba por su voracidad recaudatoria. En fin, se hizo bueno y le pusieron su nombre a la Feria de Talavera. Y en esas estamos, intentando pensar en el buen hombre y olvidando todo lo demás.
          Es tiempo de paréntesis, aunque sea corto y con reparos, que no están las cosas para muchas alegrías, y entre sueldos recortados, precios enloquecidos, recibos de la luz imposibles, comienzo de curso, algún excesillo de verano y cuestas de septiembre, octubre, noviembre por subir, no va a ser fácil honrar debidamente  a San Mateo, pero hay que intentarlo. Igual intercede para que sus “colegas” del tiempo presente también abandonen la senda del mal y se reciclen en hombres buenos, piadosos, compasivos, comprometidos con los que menos tienen, luchadores contra la codicia y la explotación del débil.
          Todos merecemos un paréntesis en la lucha diaria. Bien es verdad que unos más que otros, y que en el ranking, los talaveranos ocupan los primeros puestos, tras muchos años de penurias y horizontes poco despejados. No es que la Feria sea la panacea, pero es una ocasión para aparcar los problemas, para recordar tiempos pasados y mirar con esperanza al futuro, para coger aunque sólo sean unas bocanadas de aire fresco, que falta nos hace.
          Con sus loros multicolores, sus gallinas que ponían cien huevos de oro al sonde la pandereta, el mono amaestrado que adivinaba el pensamiento, el aparato para olvidar los malos recuerdos y el emplasto para perder el tiempo, llegó la Feria a Macondo. Un paréntesis en cien años de soledad.

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