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miércoles, 10 de enero de 2018

Desde Macondo. EL SIGLO DE LAS MUJERES

Siempre he pensado que el XX era el siglo de las mujeres. El de la revolución incruenta más exitosa de todas,  donde cada generación conquistó más derechos y libertades que la anterior, tanto en el ámbito público como en el privado. Las mujeres fueron a la universidad, llenaron los centros de trabajo, consiguieron independencia económica, que es tanto como decir liberarse del yugo de padres, maridos e hijos. Conquistaron su mente y su cuerpo, su sexualidad plena y su lugar dentro y fuera de casa. Hasta empezaron a interesarse, y a brillar, en la “cosa pública”, eso sí, con sangre, sudor y lágrimas, que nada les salió gratis
          Parecía que no había vuelta atrás. Que cada centímetro avanzado nos acercaba más a la meta de la igualdad real y que nadie podría quitarnos, nunca, nunca, lo que tanto nos había costado conseguir. Pero todo es susceptible de empeorar. Y en todos los sentidos. La crisis nos devolvió a casa, que el escaso trabajo disponible era para los hombres. Vuelta a cuidar a ancestros y descendientes, a hacer comiditas y a depender del sueldo de la pareja, por cierto, siempre más alto por el mero hecho de la condición masculina.
          Como por arte de magia, que algo estaremos haciendo mal en la educación, han vuelto los malos tratos y la violencia de género a primera plana de la actualidad. Cada vez más agresiones, cada vez más jóvenes, de cualquier estrato social, con cualquier excusa, en cualquier momento…
          No hay mes, ni semana, que no nos sacuda un asesinato, violación en grupo, un episodio de acoso. Tantos, que no podríamos recordar más de dos o tres nombres de las mujeres asesinadas los últimos tiempos, que son muchas. Tantas, que los periódicos las despachan en una columnita con el título de “Nuevo caso de violencia de género”, y en eso nos quedamos, salvo que haya algún detalle truculento, que estén los hijos delante, que le haya dado 45 puñaladas, o algo así, que nos haga detenernos unos segundos más.
         No sabemos casi nada de ellas, empezando por el nombre, claro. Ignoramos sus sueños, sus ilusiones, su proyecto de vida, sus problemas, sus soledades y sus compañías. Tampoco hacemos mucho por averiguarlo.
          Pero tal vez nos hayamos equivocado, y sea este siglo, el XXI, el siglo de las mujeres. En pocas semanas, docenas y docenas de “famosas” de todo tipo, actrices, cineastas, escritoras, presentadoras, modelos, han comenzado a denunciar los acosos y abusos sufridos durante años para llegar al lugar que ocupan.
          Han ido desgranando nombres de productores o directores poderosos, de empresarios que ejercen el derecho de pernada antes de ofrecer un puestecito en el Olimpo de la fama, de “casting” en los que poco o nada tenían que ver los talentos artísticos. Se han vestido de negro en los Globos de Oro para visibilizar sus historias… Han llenado páginas de periódicos y revistas, horas de informativos. Y han iniciado una nueva era.
          Ojalá la denuncia de las “ricas y famosas” sirva para cambiar patrones, para entrar en el mundo de Macondo con sus mujeres mágicas, con Úrsula, que dirige con mano de hierro a siete generaciones de Buen días; con la exuberante Petra que hacía crecer la vida a su paso, con Santa Sofía de la Piedad, que sólo existe en el momento preciso; con Remedios, que asciende a los cielos entre una nube de flores amarillas tras acabar con todo varón que la pretendiera...
          Con mujeres en su siglo definitivo.

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