Pensamientos, ideas, palabras que engulle la arena en el mismo instante en que se han escrito

lunes, 4 de febrero de 2013

PALABRAS FRESCAS

Mientras que un ministro se jacta de comer yogures caducados y otra compañera de Gobierno anima a los jóvenes a montar empresas ofreciéndoles una cuota de 50€ durante seis meses (qué generosidad) para animarlos, a mi se me ocurre que el único negocio que necesitamos es un puesto de palabras frescas. Modesto, sin pretensiones, sin que nadie quiera hacerse rico en cuatro días, pero con amplia difusión, con el mejor de los márketing, para que llegue a todo el mundo.
      No sé si el tenderete debería estar en el centro del país, en el kilómetro cero; o en las puertas del Congreso, entre león y león; tal vez haya que colocarlo en el cielo, para que se vea desde cualquier parte, o montar sucursales en cada provincia, pueblo y aldea del país. O en las autopistas de la información, que permiten circular a toda velocidad.
      Tampoco hace falta mucha infraestructura. Las palabras pesan poco y ocupan menos. Se trata de asimilarlas e introducirlas en nuestra vida diaria, desterrando las caducadas por diversas causas.
      Es el turno de las palabras frescas. Transparencia, solidaridad, rectitud, servicio público, igualdad, bienestar, respeto, democracia, justicia, salud, alegría, esperanza, ilusión, futuro...
     Hay que retirar, por caducados, otros términos como corrupción, opacidad, enriquecimiento ilícito, desempleo, frío, hambre, tristeza, desesperanza, desesperación, miedo, inseguridad, insensibilidad, pobreza...
No podemos seguir alimentándonos de palabras caducadas, por muchos ministros que lo digan. No es sano y no es justo. No hay cuerpo ni mente que lo soporte. Hay que pensar en ese negocio, el de las palabras frescas, y ponernos todos a ello, a venderlas hasta que alguien las compre.
      Claro, que siempre pueden acusarnos de venta ilegal y retirarnos la mercancía. Pero se trata de recoger los trastos, plegar la manta e instalarnos en otro sitio. Sin descanso.
      Ojalá fuese tan fácil. Vuelvo a escribir en la arena, donde todo es fugaz, donde las palabras se las lleva el viento. La única esperanza es que las deposite en el lugar preciso.

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