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miércoles, 15 de octubre de 2014

Desde Macondo. UN RAMITO DE VIOLETAS


Era un 9 de noviembre, como siempre sin tarjeta, cuando llegaba un ramo de flores, de violetas concretamente, a la casa de una mujer cualquiera, casada y aburrida de un marido poco tierno y menos cariñoso. Siempre me ha fascinado y conmovido la historia de esta canción de Cecilia con final sorprendente.
      Y viene a cuento por la fecha, el 9 de noviembre, el día elegido para el primero referéndum, luego consulta y ahora no sabemos qué acerca de la independencia de Cataluña. Surrealista y extraño como la letra de la canción. Una historia de engaños, de juegos a media luz, de disimulos y apariencia de normalidad y con un final de puntos suspensivos.

      El marido lo sabe todo, la dama vive ilusionada con el imaginario amor secreto y ambos habitan un mundo ficticio. Justo como está pasando aquí, pero sin música y sin una interpretación deliciosa, que da gana de apagar la tele cada vez que salen Mas o Rajoy, o alguno de los acólitos de cualquiera de ellos, hablando de legitimidad, constitución y unidad patria.

      Meses llevan con las “cartitas” yendo y viniendo, con los secretitos y las estrategias, ilusionando a unos y alarmando a otros. Y nosotros, que no sabemos nada, los miramos callados. Como cantaba Cecilia.

      Llegará el nueve de noviembre y no sabemos si habrá violetas. Seguirá la vida, los ricos continuarán enriqueciéndose a costa de que los pobres sean más pobres; nos seguiremos quejando, con razón, de lo mal que funciona la Sanidad, de lo que ha subido la luz, de lo que han bajado los salarios, del empleo que no llega, del paro, que no se va… Aparecerán nuevos corruptos y nos escandalizaremos, con más o menos ruido, por la lentitud de la Justicia, porque sigan sueltos los que nos han arruinado el futuro…

      El nueve de noviembre no acaba ni empieza nada. Sigue todo, aunque se esfuercen en pintarlo como la fecha señalada. El día en que llegan las flores sin tarjeta que permiten a la señora aburrida seguir viviendo con ilusión.

     Las flores de Macondo son amarillas y siempre aparecen en el momento oportuno. A la muerte del primer Buendía cayó toda la noche una lluvia de minúsculas flores de este color. Eran tantas .que cubrieron los techos, y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que dormían a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro.” Y  Remedios, la bella, subió al cielo entre una nube de flores y se perdió para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

      Las violetas son moradas y no son mágicas. Aunque lleguen el 9 de noviembre.

 

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