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jueves, 20 de marzo de 2014

Desde Macondo. COMITÉS DE SABIOS

 A todos los sabios les da por lo mismo. O igual es sólo a los que elige el Gobierno, en su infinita sabiduría. Pero es oir eso de “está en manos de un comité de sabios” y echarme a temblar. Manos a la cartera y a cubierto los derechos elementales, la sanidad, las pensiones, el aborto, la educación, la reforma que dejará sin sentido a los Ayuntamientos, la justicia… Y ahora, los impuestos.
         Sabios para todo. Listos, diría yo, en la peor acepción del término, porque algo sacarán de prestar su “sabiduría” para hacernos la puñeta. Tal vez sea altruismo puro y duro, pero permitidme que lo dude. Insisto, no me cabe en la cabeza que a todos los sabios les dé por lo mismo.
         Ay, dónde se han quedado los Siete Sabios de Grecia, ya sabéis, Tales de Mileto, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Periandro de Corinto y alguno más que antes me sabía de corrido, pero que he olvidado. Los de ahora son distintos, y son más, muchos más. Un montón de sabios. Comités o grupos de expertos, los llaman. Todos los hemos visto. Reunidos alrededor de una larga mesa; con traje y corbata y pulcras carpetitas delante de ellos.
         Y entre tanto listo, ni  un solo pobre, un desahuciado, o a un padre que no puede pagar la matrícula de sus hijos, o a un abuelo que sobrevive con 400€ de pensión, o a una mujer que no quiere traer al mundo a un ser para que sufra, o a un parado, o a un alumno excelente que tiene que emigrar. O simplemente, a un ciudadano de sueldo recortado a quien le pone los pelos de punta cada nuevo dictamen de los sabios.
         Los sabios, como los políticos, no están en nuestra dimensión. Como los ángeles, no tienen cuerpo material, no comen ni duermen, no lloran, no despotrican, no se desesperan. Sólo piensan. Y nada bueno.
         No saben nada de la sabiduría popular, de la “ingeniería” precisa para poner cada día un plato de comida en la mesa, para estirar hasta lo indecible la pensión, para pasar el invierno sin bajas por pulmonía, para sonreir cuando la cabeza y el corazón mandan lo contrario.
        Los sabios han presentado su proyecto de reforma fiscal. Un sesudo documento plagado de términos ininteligibles para la gente de a pie. De tramos de IRPF, de bajo esto y subo lo otro, de elimino no se qué a las sociedades y pongo no sé cuánto a los autónomos. Y subo el IVA. Para todos. Vamos, que las galletas o el pollo costarán lo mismo a un parado que a un millonario. Todo muy justo. Duro y a las mismas cabezas de siempre.
         Y es que a todos los sabios les da por lo mismo. Un siglo y muchas generaciones necesitaron los Buendía para descifrar los pergaminos del gitano Melquiades, un hombre del pueblo. Y total, para descubrir que tras cien años de soledad no había ninguna oportunidad sobre la Tierra.

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