Pensamientos, ideas, palabras que engulle la arena en el mismo instante en que se han escrito

lunes, 10 de octubre de 2011

HASTA SIEMPRE


Talavera de la Reina, 09 de junio de 2011
Hola a todos, y empiezo diciendo hola no porque sea la fórmula habitual, sino porque no quiero que sea un adiós.
Desde mañana viernes ceso en mis funciones de Jefa de Gabinete de la Alcaldía en el Ayuntamiento de Talavera y por tanto, no me encontraréis en el lugar habitual, porque, aunque no lo creáis, no formo parte del mobiliario.
Han sido 16 años, la mejor parte de mi vida, la más madura creativamente y a nivel personal, y podréis comprender que no caben en una carta, por larga que la quisiera hacer, y no es mi intención aburriros.
Pero efectivamente, en una carta no caben los buenos y menos buenos momentos, el contacto intenso con la gente, con vosotros, los aciertos y los desaciertos, y los errores, porqué no decirlo. Es imposible, y eso que se supone que manejo el oficio de escribir, formar palabras, frases con sentido, que reflejen los nervios, las sonrisas, los enfados, los agradecimientos, los proyectos, las ilusiones, el soplido de alivio cuando las cosas han salido bien o las noches en vela cuando ha sido al contrario.
Sea como sea, repetiría cada minuto de estos 16 años, porque de todo se aprende y porque, fundamentalmente, por mucho que rebusco en la memoria, no encuentro nada que incline la balanza hacia el lado negativo.
He vivido intensamente todo lo que ha acontecido en Talavera durante más de tres lustros y en algunas cosas, seguro que en menos de las que yo pienso, he colaborado modestamente, siempre desde la buena intención y desde el amor que le tengo a esta ciudad en la que elegí vivir hace un cuarto de siglo y a la que me he dedicado mucho más allá de la jornada laboral, de la vida privada, con honestidad, sin ningún carnet y, sobre todo, con lealtad.
Los sinsabores, las jornadas interminables, los sábados y los domingos, las vacaciones inexistentes o, cuando menos, muy cortas, ya están olvidados. Me quedo con lo bueno, y eso recordaré allá donde la vida me lleve.
Ha sido un placer conoceros a todos, “criaros” a algunos y, en cualquier caso, me ha encantado poder echar una mano a quien me lo ha requerido. No hace falta que ponga eso de “sin distinción de colores”, porque quien me conoce lo sabe.
Gracias a todos, a mis compañeros de los medios de comunicación, a los del Ayuntamiento, a los que tanto echaré de menos y que me han enseñado todo de registros, expedientes, decretos y carpetas, a los miembros de todas las Corporaciones con las que he trabajado, nada menos que cuatro, a las asociaciones culturales, deportivas, vecinales, socio-sanitarias, de mujeres, a los Colegios, Universidad, Iglesia, a las instituciones con las que he tenido contacto diario, a los ceramistas, que me han enseñado a distinguir la verdadera esencia del arte y siempre han respondido a mis torpes ideas, a mis alcaldes de Las Mondas, a toda mi “lista de protocolo”, que tanto me ha facilitado la labor, a los cientos de parejas a las que he podido hacer más ligeros los trámites y el papeleo de las bodas, y a los ciudadanos de esta Talavera a la que quiero con todo mi corazón. Y a la que aún puedo darle mucha dedicación y mucho amor.
Mi teléfono, que tiene toda la humanidad, es el 666516007, como bien sabéis, y mi correo personal, masantos@60yahoo.es.
Ha sido un placer. No me despido, porque espero seguir disfrutando de vuestra amistad, de vuestro afecto y de vuestra compañía, y que vosotros “disfrutéis” también de mi carácter, de mi genio cuando estoy nerviosa y de alguna que otra mala contestación, siempre desde la confianza.

jueves, 6 de octubre de 2011

RECORTAR LA ALEGRÍA

Hace poco más de un año, en este mismo espacio color arena, y parafraseando a mi admirado Benedetti, hablaba (¡ilusa de mí!), de la necesidad de defender la alegría. Por encima de todo y de todos, haciendo esfuerzos humanos o sobrehumanos. Sin discusión.
Ha pasado un año, y soy la misma. O no. Las circunstancias me han hecho cambiar, o he cambiado a la vez que las circunstancias. Me falta alegría para defender la alegría. Es más, creo que nos falta a casi todos.
Son muchos meses con el bombardeo de crisis, de mercados amenazantes, de anuncios de recesión, de imágenes terribles que no hay forma de borrar de la retina, de horizontes desdibujados, de futuro negro o, cuando menos imperfecto, de esperanza recortada, de recortes en todo.
Hasta en la alegría.
Hemos sobrevivido a casi todo. Hemos ido campeando el temporal, poniendo al mal tiempo buena cara, pintando la sonrisa que no sale sola, escudriñando entre las sombras para ver, intuir, un rayito de luz.
Para seguir defendiendo la alegría.
Me digo una y mil veces que merece la pena, que no es una guerra perdida. Si acaso, unas cuantas docenas de batallas.
Aunque nos coman el terreno, aunque el espejo nos devuelva una imagen triste, no podemos permitir que nos recorten la alegría. Hay que defenderla del pasmo y de las pesadillas, de las dulces infamias y de los graves diagnósticos.
Sin recortes.

lunes, 26 de septiembre de 2011

55 DIAS EN MADRID

Ya está hecho. Porque dicho, hace mucho tiempo que estaba. Pero está escrito, y eso va a misa. Al presidente Zapatero le quedan exactamente 55 días en Madrid, antes de retirarse a sus cuarteles leoneses, según se dice por ahí.
En 55 días (más los que esté en funciones, que es estar sin estar), dejaremos de hablar de él, de echarle la culpa de todo, de tenerlo a todas horas en el salón de casa, en el ascensor, en la terraza del bar, como aperitivo imprescindible de la cerveza; en la peluquería, en el Metro o en los paseos al sol. Simplemente, se esfumará.
Claro que, durante unos meses, oiremos eso de la herencia que ha dejado, que por su culpa estamos como estamos, que ha sido el peor presidente de la Historia, que... Todo eso se irá difuminando con el tiempo, se irá volviendo borroso en la memoria, se desdibujará poco a poco hasta que no reconozcamos la imagen. Hasta que sólo lo encontremos en la hemeroteca o tecleando su nombre en el Google.
Es la condición humana. Relegamos a un rincón de la memoria lo que un día nos ilusionó, lo que nos llenó de alegría, lo que aplaudimos, y dejamos en primer plano lo negativo, los errores-pequeños y grandes-, para justificar el alejamiento y el olvido.
No voy a malgastar palabras para contar los fallos de bulto que ha tenido este presidente en tiempo de descuento. Tampoco para justificarlo hablando de crisis global, de situación similar en países con gobiernos de izquierdas y derechas, y hasta de países sin gobierno. Ni siquiera hablaré de talante.
En 55 días, dará igual lo que se diga o se haya dicho. Hoy me quedo con la imagen, ya borrosa, de un hombre que llegó con ilusión, del que todos hemos opinado y que sólo espera que la Historia lo juzgue.

martes, 13 de septiembre de 2011

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES.

Entonces, septiembre siempre era un comienzo. Agridulce, sí, porque pesaba el recuerdo del verano salvaje y libre. Pero era un comienzo. Era la vuelta a las aulas, zapatos nuevos (Gorila, con la pelotita verde), era ordenar apresuradamente las vivencias y las anécdotas de vacaciones que se agolpaban en la cabeza atropellándose para ser contadas; era la mezcla de temor a lo desconocido y de ansia por conocer.
Septiembre era cartera nueva o heredada de tu hermana, lápices aún sin morder y cuadernos a veces reciclados y, con suerte, sin dos rayas. Eso era de pequeños.
Era la Virgen y el comienzo de la vendimia, el olor a mosto por las calles y los remolques cargados que, a menudo, nos regalaban un racimo de uva magullada y sucia de tierra.
Era el mes con mayúsculas, el mes por excelencia, porque en septiembre empezaba todo. Hasta las Navidades, que veíamos ya tan cerca...
Crecimos, y septiembre siguió siendo el principio. El Instituto empezaba en octubre y la Universidad, a veces casi en noviembre. Pero ningún mes podía quitarle el protagonismo. El otoño, el curso político, la vuelta al trabajo tras el verano, los días más cortos, las noches más largas...
He amado y odiado septiembre casi por igual en las distintas etapas de mi vida y hoy... No sé lo que siento. Es un septiembre raro, que tiene más de final que de principio en todo.
El año político empieza(sigue)crispado, las aulas están revueltas, no hay sensación de comienzo de nada y, tal vez por eso, hayan venido a mi memoria esos otros septiembres, los que eran como debían ser. Los de entonces.
Ni ellos, ni nosotros, somos ya los mismos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

SOUVENIRS

Tengo sobre la mesa, en montoncitos, separados por amigos, familia etc, los souvenirs que han venido conmigo de mi último viaje. No son demasiado horribles (no compro compulsiva mente, siempre pienso si me gustaría tener uno de esos objetos en mi casa, antes de "largárselos" a nadie). Pero, al fin y al cabo, son lo que alguien, muy acertadamente, ha dado en llamar "pongos" (por aquello de ¿y esto dónde coño lo pongo?).
Hace un par de meses, durante uno de mis escasos furores de limpieza doméstica, desaparecieron de mis estanterías docenas de ceniceros, muñecos, cajitas, joyeritos, figuras típicas, llaveros y mil lindezas más procedentes de los cuatro puntos cardinales, y atesorados durante varias décadas. Me quedé con lo justo, con lo realmente bonito y con lo horroroso que tiene algún significado especial, y que es firme candidato a "viajar" en la próxima limpieza, porque los significados especiales también se diluyen con el tiempo ( o ya nada significa nada).
Y aquí estoy. Mirando los renos de Finlandia, las matrioskhas rusas y la minibotella de vodka estonio. Y el ámbar del Báltico. Y las tres acuarelas que reservo para mí, y que engrosarán mi modesta colección de cuadros que me transportan a otros mundos sólo mirando durante horas las paredes.
Es la incógnita tras cada viaje. Intento justificarme con eso de que lo importante es que te has acordado de la familia, de los amigos; que te has esforzado en buscar lo menos friki; que has comprado "personalizando", no al buen tuntún y que, seguro, seguro, que tus regalos no serán víctimas inocentes de limpiezas generales.
Al fin y al cabo, siempre nos han dicho que la intención es lo que cuenta. Y os juro que no tengo malas intenciones.

martes, 30 de agosto de 2011

MILLONETIS

Los millonarios, los ricos, los poderosos, son noticia en estos días. O queremos hacerlos noticia, porque seguro que ellos, desde sus alturas, ni se han enterado del revuelo que hemos organizado acerca de si deben pagar más o menos, de si es necesario gravar a las grandes fortunas o si éllos, de su motivo, tienen que desprenderse de algo de lo mucho que les sobra.
Hablamos y hablamos de millonarios como se habla de términos que sólo son conceptos inabarcables, léase Dios, amor, tiempo, felicidad, eternidad. Intuimos que existen, pero los situamos en otra galaxia, con esa especie de temor que produce lo que no está en nuestras coordenadas, lo que se nos escapa.
Un millonario es alguien a quien no se puede mirar a los ojos, por si se ofende; alguien que extiende la mano esperando que le beses el anillo, como a un obispo; alguien que no camina: Levita. Es lo que queramos imaginar, porque algún gen tendremos por ahí, proveniente de la época feudal o aún anterior, que nos hace arrugarnos ante el poder que da el dinero, mirar al suelo y no atrevernos a abrir la boca, por si molestamos.
¿En qué cabeza cabe pedirles que paguen más? ¿Y si se enfadan? Pueden hacer que nos destierren, que nos corten la cabeza o que nos encierren en una oscura mazmorra, condenados de por vida a pan negro y agua corrompida.
Y son tantos, que cualquiera se atreve. He leído por alguna parte que hay 11 millones de millonarios (valga la redundancia) en el mundo. Entendiendo por tales a los que cuentan con másd de un millón de dólares. También he leído (qué mala costumbre tengo), que sólo el año pasado, en plena crisis, aumentó un 9 por ciento el número de agraciados con algunos milloncitos más. Y que en Europa está la tercera parte de estos señores del dinero. Y que en España, haberlos, haylos.
Un ciudadanito de a pie, como yo, sólo puede mirarlos con reverencia, desde su insignificacia; en lo alto de sus caballos, con armaduras de oro y espuelas de brillantes, cegado por el brillo, atemorizado y cuidando de no despertar su cólera de resultados imprevisibles.
Ahora sé que los políticos, alguno también rico y poderoso, tienen el mismo gen que todos nosotros. El del miedo a molestar, a incomodar a los señores.
Es más fácil, y menos arriesgado, incordiar a los siervos de la gleba, a los que siempre, a través de los siglos, se ha exigido todo a cambio de migajas. Hemos armado un ejército que huye a la vista del enemigo. Hemos creado una democracia que no es el poder del pueblo. Es el poder de los de siempre.

miércoles, 10 de agosto de 2011

DESMONTANDO EL MUNDO

Nunca he sabido arreglar lo que se ha roto; no supe jamás cómo pegar los trozos del jarrón que se hizo pedazos, ni colocar el trozo de cielo del puzzle que se movió de su sitio, o la pieza del mecano que accidentalmente se descolocó o las páginas del libro que, a fuerza de ser releídas, campaban por sus respetos, fuera de toda encuadernación al uso. Ni siquiera fui capaz, en su momento, de recomponer mi corazón cuando uno de esos choques de la vida lo quebró. Si acaso, sirvo para hacer chapuzas, para disimular cicatrices, para maquillar fracturas, que siguen estando ahí, aunque no de forma tan ostensible.
No sé si soy buena para empezar algo nuevo pero, desde luego, soy negada para recoger pedazos, para el bricolaje más esencial en todos los órdenes de la vida.
¿Cómo voy a poder recomponer el mundo? Será el calor, las largas tardes de verano, los escenarios de muchos años de mi vida o la edad que no perdona, pero, sea lo que sea, todo me impulsa a mirar atrás, a pensar en la vida que fue y ya o es, en el mundo del que cada día, a cada instante, salta un pedazo y me cae encima, recordándome que no puedo volverlo a colocar en su sitio. Que no puedo. Que no sé.
No sé cómo acabar con la sangre en Siria o en Libia, o en Afganistán; no sé cómo dar de comer a tanto hambriento en África, cómo mirar a los ojos a los jóvenes indignados, calmar los ánimos en Inglaterra, decir a los mercados que sean solidarios, a las Bolsas, que no hace falta ser millonarios, sólo vivir decentemente, a los políticos, que se acerquen a la gente, que sean gente, al Papa, que intente parecerse a ese Jesús sobre el que predica; a los niños, que sigan aprendiendo a hacer puzzles, porque lo van a necesitar, a...
No sé como volver a montar el mundo desmontado. Cómo mirar adelante. Me aterra mirar atrás, porque creo que me convertiré en estatua de sal, paralizada al comprobar todo lo que se ha quedado en el camino.
Amanece en el desierto, y los granos de arena tampoco son los mismos. Han cambiado durante la noche.