Pensamientos, ideas, palabras que engulle la arena en el mismo instante en que se han escrito

jueves, 20 de junio de 2019

Desde Macondo. SOLIDARIDAD FATIGADA


El prestigioso Informe Foessa de Cáritas nos acaba de pasar la factura de la crisis. O la “fractura”, que afirma que son 8,5 millones las personas excluidas en España, 1,2 millones más que hace una década. Me ahorro y os ahorro los comentarios oficiales (en uno u otro sentido) sobre el tema. Cada día me resulta más inquietante la proliferación de discursos  paternalistas, comprensivos, caritativos… Estamos entrando en el peligroso terreno de sustituir la justicia social por las limosnas.  Ya saben eso de que la caridad es vertical, siempre se hace de arriba abajo, mientras que la solidaridad es horizontal, es entre iguales.
          Lo que realmente me ha inquietado es que el informe pone, con todas las letras, que advierte de "una sociedad estancada" que provoca una "fatiga de la solidaridad", una cierta fatiga de la compasión, que está generando "perfiles críticos con las ayudas sociales". Traducido,  la mitad de la población expresa que ahora ayudaría menos que hace diez años.
          Puede que aún nos haga sentir más o menos bien regalar la ropa que sobra en los armarios, la que ha pasado de moda o nos recuerda tiempos en que los años y las penas no se acumulaban en la cintura; o donar puntualmente el kilo de garbanzos, o la botella de aceite. Todo eso está muy bien, y es indudable que ayudan a paliar situaciones muy graves. Ha ayudado a mantener cierta falsa paz social, a que no se rebelen los hambrientos y los excluidos, a que los desesperados aguanten unos días más su desesperación. Y por supuesto, ha mantenido nuestras conciencias más o menos tranquilas.
          Pero todo se acaba, y parece que esto, también.  Ahora lo dice Cáritas, y supongo que en breve saldrán con lo mismo Cruz Roja, las asociaciones de todo tipo que, con más o menos publicidad sobre sus bondades  están ahí  día a día, a los voluntarios que dejan su tiempo  y su energía en una labor tan ingrata.
          Resulta que la solidaridad cansa. También la caridad, que para los poco solidarios, es una virtud cristiana que el diccionario define además como “Limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados”. Me rebela el término limosna, pero me entristece profundamente que la solidaridad vaya a entrar en la categoría de palabras moribundas.
          Bien es verdad que muchas personas que han conseguido salir adelante, echando una mano además a quienes no han tenido la misma suerte, temen volver e uno u otro momento a tan dura situación porque, excluyendo a los que se han plantado en 2019 con un montón de millones más de los que tenían, la mayor parte aún andamos renqueando y sin divisar con claridad la meta. Todos hemos oído eso de “para ayudar estoy yo…”.
          Estamos cansados. Vale.  Pero no podemos entrar de nuevo en las limosnas puntuales, dejando de lado, por una parte la solidaridad y por otra, la justicia social.  Que las cifras marean y no se puede mirar hacia otro lado. Hay que sobreponerse al cansancio y seguir siendo solidarios.  Seguir tendiendo la mano entre iguales.   Porque “Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”. Lo dijo Gabo.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario