Pensamientos, ideas, palabras que engulle la arena en el mismo instante en que se han escrito

jueves, 4 de abril de 2019

VIENTOS DEL PUEBLO

Me he sentado tan decidida a escribir sobre los derechos del pueblo, sobre la igualdad y esas cosas, convencida de que el problema de la despoblación, de la España vacía que protesta en estos últimos días,  es ante todo una cuestión de eso, de derechos y libertades, y la primera mirada al diccionario me desmonta el argumento. Sí, pero no.
          Si me quedo con una acepción, la que figura más arriba, pueblo es  “conjunto de personas de un lugar, región o país”. Vamos bien, que todos formamos parte del todo. Ay, pero más abajo viene el jarro de agua fría: “Gente común y humilde de una población”. Y la explicación definitiva, que desde las grandes urbes, incluidas capitales de provincia que tampoco son tan grandes, hace tiempo que tienen decidido que cualquiera que habite fuera de su perímetro, con barrios dormitorio y polígonos industriales incluidos, es eso, gente común y humilde, que no precisa de más atenciones, que no puede distraer mucho rato  a otras cosas más importante.
          Claro, que ahora hay elecciones, y por una temporadita, corta para no cansarse, unos y otros recorrerán los campos de Castilla, las parameras de Guadalajara o el corazón del dolorido campo de Montiel, por el que Don Quijote buscó la Justicia, o los rincones del Teruel que se empeña en existir o de la encantada Cuenca, que mantiene la magia en la capital, y a duras penas.  Llegarán en sus buses de campaña, con carteles y megáfono, como en Bienvenido Mister Marshall, y hasta confraternizarán con los paisanos, tomando un vinito aquí o acariciando a la vaca allá.
          Y prometerán. Y prometerán. Y volverán a prometer, que están en juego más de un centenar de escaños procedentes del mundo rural. Hablarán de arreglar la carretera imposible de transitar en invierno, o de ampliar el consultorio médico o de mejorar la ruta del autobús escolar que hace que cada día de cole de un niño de pueblo sea un periplo por media comarca.
          No sé, igual no han caído en que deberían hablar del principio mismo de igualdad, el que nos afecta a todos vivamos donde vivamos.  Que todos somos pueblo, pero  el desmantelamiento progresivo de nuestros derechos básicos, de la sanidad, la  educación, la seguridad, sólo ha afectado a una parte. Que será más o menos abultada, que los votos que depositen en las urnas tendrán más o menos valor, pero que son, como dice el diccionario, parte del conjunto de personas de un país.
          Soy de pueblo. Nací y crecí en un pueblo al que vuelvo cuando puedo, y en el que nada es igual que era, pasado el tamiz del tiempo, el de la  falta de inversiones, de medidas económicas, sociales y fiscales. Igual el inexorable envejecimiento de la población y con la natalidad reducida a mínimos,  mis recuerdos de lugar amable e ideal para vivir sean ya historia.  Pero igual estamos a tiempo, que la denominada “revuelta de la España Vacíada” (que no vacía), es un buen síntoma”.
          Una sociedad democrática no puede permitirse tener a una parte de su población viviendo al margen, al final de caminos polvorientos de imposible acceso, descolgados de la vida pública y fuera de todo debate político.  Con una visita rápida cada cuatro años, que para votar sí cuentan.
          Hay que aprovechar estos vientos para exigir que los pueblos aparezcan en los programas electorales; para que arrastren el acceso a Internet o una cobertura decente de telefonía (es indecente, por demasiado frecuente, lo de las “zonas de sombra”), hay que sumar los aires de protesta que han empezado a soplar tímidamente para que un huracán de ideas, proyectos y soluciones, y atenciones sobre todo, primero mantenga y luego desarrolle la vida en los pueblos.
          Porque pueblo, somos todos.

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