No voy a ser yo la única que no opine de la dramática situación en la que se encuentra Belén Esteban, la princesa del pueblo. Al fin y al cabo, también formo parte del pueblo y me siento "gobernada" por tan regio personaje. Aunque sea republicana y nunca haya digerido bien eso de los derechos divinos de la realeza.
Me resisto a formar parte de ese ejército de soldados de plomo dispuestos a ser devorados por el fuego para salvar a su bailarina de papel. A su princesa. Pero no hay forma. Un fin de semana en casa, con el mando de la tele pegado a la mano, medio constipada y medio depre por la llegada del otoño en toda su crudeza, y ya está...
¡Alistada en el ejército de la princesa del pueblo!
Cómo no voy a defender a la pobre desvalida que tras una vida de miserias se ve de nuevo engañada y ultrajada, ahora que había levantado cabeza, que tiene una nueva cara, un chalet impresionante, una niña con la Comunión bien tomada, un bendito marido, un programa que co-presentar y los niveles de azúcar controlados.
Sería insensible si no la defendiera con uñas y dientes, si no la votara para que emprenda una carrera política que le haga olvidar las desgracias de su día a día.. Si no dejara de lado mis ideas republicanas para rendir pleitesía a Su Alteza Belén Esteban.
Y yo no soy así. Yo soy normal, y como persona normal sufro y lloro con las desgracias de los que están en mi casa (y esta señora se cuela permanentemente en mi salón) y comparten mi vida.
Hay sesudos estudios que nos cuentan que la princesa del pueblo sacaría un importante porcentaje de votos si se presentara a las elecciones. Posiblemente. Las miserias ajenas mueven nuestras conciencias; es la mejor campaña electoral.
Nadie desconoce el nombre de Belén Esteban, y tal vez si lo vieran impreso en una papeleta electoral, lo marcarían con una cruz. Y el de Lady Gagá o el de Isabel Pantoja.
En fin, que la arena borre todo esto enseguida, porque me da vergüenza ajena. Me da gana de bajarme de este mundo al revés y buscar el de verdad, el lógico y coherente, donde los soldados de plomo descansan en las vitrinas y las princesas se quedan en las páginas de los cuentos. Donde deben estar.
domingo, 10 de octubre de 2010
Bailarinas de papel (O princesas del pueblo)
lunes, 27 de septiembre de 2010
A LA HUELGA... EN NOMBRE DE DIOS
Todos tenemos nuestros motivos para secundar, o no, la huelga general. Es nuestro derecho y no tenemos porqué dar explicaciones. Y seguramente, los que trabajen, o dejen de hacerlo ese día, serán rubios, morenos, gordos, flacos, hombres, mujeres, musulmanes, evangelistas, protestantes, cristianos, blancos, asiáticos, magrebíes...
Afortunadamente, y como decía ayer mismo el arzobispo de Toledo en la inauguración de La Colegial, no hay pensamiento único, hay libertad y, sobre todo, (también lo decía Don Braulio), hay libertad religiosa. Hasta aquí, de acuerdo con Su Eminencia, aunque luego el sermón fuera por otros derroteros que no vienen al caso. Bueno, sí vienen, pero eso será en otra ocasión.
Lo que me ha sorprendido sobremanera es el llamamiento del Consejo de Laicos (léase miembros de vicarías, diócesis y movimientos cristianos que no son sacerdotes o religiosos ordenados), a secundar la huelga general del 29-S. La noticia era textualmente que "se sugiere portar el día de la huelga una prenda, un pañuelo, una cinta blancos para que, libres de las presiones externas, puedan expresar visualmente a los demás su protesta y sientan la cercanía de los que, como ellos, lleven un distintivo del mismo color".
Y continúa, "Ante la crisis económico-social que padecemos y que ha desembocado en el llamamiento a la huelga general del próximo día 29, muchos cristianos se preguntan qué hacer. Les gustaría participar pero no saben cómo hacerlo para no sentirse manipulados. Desde este Consejo de Laicos llamamos a la protesta inteligente, participativa e imaginativa".
En fin, que el cristiano que no quiera sentirse manipulado tiene que hacer huelga. Ya lo saben ustedes. Claro, que si sólo llevan el lazo o cinta blancos, igual no les descuentan el día en la nómina.
Se me ocurre que los representantes de las distintas confesiones podían hacer lo mismo, pero con lazos de otro color, o con pañuelos, o con brazaletes. Y también podían no llevar nada y pasar por agnósticos o ateos. Yo también puedo aportar ideas imaginativas e inteligentes, independientemente de mis convicciones religiosas, que no le importan a nadie.
En fin, no sé si Dios está de acuerdo con la huelga o si tiene preparada la cinta blanca para el miércoles. O si está de acuerdo con la manipulación. A mi no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, y mucho menos, que den consejos en nombre de Dios.
Para que nadie se confunda, ese día, con huelga o sin ella, procuraré vestirme de colores. De cualquier color.
Afortunadamente, y como decía ayer mismo el arzobispo de Toledo en la inauguración de La Colegial, no hay pensamiento único, hay libertad y, sobre todo, (también lo decía Don Braulio), hay libertad religiosa. Hasta aquí, de acuerdo con Su Eminencia, aunque luego el sermón fuera por otros derroteros que no vienen al caso. Bueno, sí vienen, pero eso será en otra ocasión.
Lo que me ha sorprendido sobremanera es el llamamiento del Consejo de Laicos (léase miembros de vicarías, diócesis y movimientos cristianos que no son sacerdotes o religiosos ordenados), a secundar la huelga general del 29-S. La noticia era textualmente que "se sugiere portar el día de la huelga una prenda, un pañuelo, una cinta blancos para que, libres de las presiones externas, puedan expresar visualmente a los demás su protesta y sientan la cercanía de los que, como ellos, lleven un distintivo del mismo color".
Y continúa, "Ante la crisis económico-social que padecemos y que ha desembocado en el llamamiento a la huelga general del próximo día 29, muchos cristianos se preguntan qué hacer. Les gustaría participar pero no saben cómo hacerlo para no sentirse manipulados. Desde este Consejo de Laicos llamamos a la protesta inteligente, participativa e imaginativa".
En fin, que el cristiano que no quiera sentirse manipulado tiene que hacer huelga. Ya lo saben ustedes. Claro, que si sólo llevan el lazo o cinta blancos, igual no les descuentan el día en la nómina.
Se me ocurre que los representantes de las distintas confesiones podían hacer lo mismo, pero con lazos de otro color, o con pañuelos, o con brazaletes. Y también podían no llevar nada y pasar por agnósticos o ateos. Yo también puedo aportar ideas imaginativas e inteligentes, independientemente de mis convicciones religiosas, que no le importan a nadie.
En fin, no sé si Dios está de acuerdo con la huelga o si tiene preparada la cinta blanca para el miércoles. O si está de acuerdo con la manipulación. A mi no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, y mucho menos, que den consejos en nombre de Dios.
Para que nadie se confunda, ese día, con huelga o sin ella, procuraré vestirme de colores. De cualquier color.
domingo, 19 de septiembre de 2010
ADIOS A LOS QUE SE QUEDAN...
Y a los que se van, también. Es el inicio de la "Albada" de Labordeta, una de esas canciones-himno que hablan de la tierra, de los amigos, de la añoranza, de la partida y del regreso. Pero no voy a hablar de Labordeta. Voy a hablar de mí, y de él, y de los que nos quedamos. De una generación que casi no tuvo tiempo de acusar la falta de libertad, por los pocos años, pero que la sentía como un pellizco en el estómago. Maduramos con las primeras elecciones generales y no tuvimos tiempo de votar la Constitución, pero vivimos intensamente el nuevo país; fuimos los primeros en asomarnos a la ventana para respirar los nuevos aires y en abrir los ojos y los oídos asombrados para ver y escuchar a esos tipos míticos de los que hablaban nuestros hermanos mayores.
Tipos duros armados de guitarra y poesía que cantaban a la libertad, a la justicia, a las cárceles abiertas, ante un público muy joven, demasiado joven para entenderlos bien. Los mayores aún no se atrevían a ir a esos conciertos en lugares inverosímiles, en barrios marginales de Madrid, en paraninfos universitarios, en pequeños garitos progres...
Así crecimos los que nos quedamos. Raimon, Lluis Llach, Paco Ibañez, Labordeta, y Daniel Viglieti, Silvio Rodríguez, Violeta Parra o Quilapayun, que la libertad no era solo cosa de España.
No pude votar en las primeras elecciones, pero ya estaba en la Universidad (hace muchos, muchos años, era una niña precoz). Tuve, sin embargo, la oportunidad de escuchar a casi todos los que hacían lo que entonces se llamaba canción protesta, y que cantaban gratis en cualquier mitin de izquierdas.
Desde entonces, y periódicamente, saco de su funda un disco que me remueva la conciencia, que abra las ventanas de mi vida para que entre aire fresco.
Otras veces, como esta mañana, el viento se cuela sin que lo llames. Con el verano se ha ido Labordeta, y han venido mis recuerdos sin previo aviso.
En mi casa suena "Recuérdame como un verano ido, como un árbol cansino, como un hombre sin más". Y fuera, está la certeza de que" los campos desiertos volverán a granar unas espigas altas, dispuestas para el pan".
Labordeta deja, entre los que nos quedamos, muchas soledades por kilómetro cuadrado, lo que él decía de su Aragón.
Tipos duros armados de guitarra y poesía que cantaban a la libertad, a la justicia, a las cárceles abiertas, ante un público muy joven, demasiado joven para entenderlos bien. Los mayores aún no se atrevían a ir a esos conciertos en lugares inverosímiles, en barrios marginales de Madrid, en paraninfos universitarios, en pequeños garitos progres...
Así crecimos los que nos quedamos. Raimon, Lluis Llach, Paco Ibañez, Labordeta, y Daniel Viglieti, Silvio Rodríguez, Violeta Parra o Quilapayun, que la libertad no era solo cosa de España.
No pude votar en las primeras elecciones, pero ya estaba en la Universidad (hace muchos, muchos años, era una niña precoz). Tuve, sin embargo, la oportunidad de escuchar a casi todos los que hacían lo que entonces se llamaba canción protesta, y que cantaban gratis en cualquier mitin de izquierdas.
Desde entonces, y periódicamente, saco de su funda un disco que me remueva la conciencia, que abra las ventanas de mi vida para que entre aire fresco.
Otras veces, como esta mañana, el viento se cuela sin que lo llames. Con el verano se ha ido Labordeta, y han venido mis recuerdos sin previo aviso.
En mi casa suena "Recuérdame como un verano ido, como un árbol cansino, como un hombre sin más". Y fuera, está la certeza de que" los campos desiertos volverán a granar unas espigas altas, dispuestas para el pan".
Labordeta deja, entre los que nos quedamos, muchas soledades por kilómetro cuadrado, lo que él decía de su Aragón.
domingo, 12 de septiembre de 2010
SEPULCROS BLANQUEADOS
Dice la Biblia que Jesús llamó "sepulcros blanqueados" a los escribas y fariseos, esos hombres malísimos que aparecen continuamente en el libro sagrado. Es un símil perfecto y muy gráfico para calificar a los falsos, a los hipócritas, a los que se ocultan tras una apariencia beatífica y tienen el interior más negro que los pies de Cristo.
¿Cómo tendría que llamar a las docenas de sacerdotes, obispos y demás que han abusado de cientos de niños mientras predicaban las maldades del sexo? Sepulcros blanqueados. Limpios y pulcros por fuera, y repletos de gusanos e inmundicia por dentro. La definición se queda corta, cortísima. He vuelto a leer, hoy mismo, en un diario nacional, un amplio reportaje sobre los abusos en la Casa Pía de Portugal. Pero ayer fue sobre suicidios de niños en Bélgica, agobiados por el peso de una culpa que no es suya, y anteayer el escenario era Irlanda. Y estados Unidos, con las violaciones a más de doscientos niños sordos, y en Chile, y en España. Y en muchos otros sitios de los que nunca nos enteraremos, porque gracias a la Santa Madre Iglesia sabemos que el sexo es sucio, pecaminoso, que no debemos hablar de ello, que decir preservativo es ofender a Dios, que los homosexuales son enfermos o viciosos tarados, que la mujer incita al pecado, que...
Eso lo he sabido siempre, porque soy de colegio de monjas. Todos lo hemos sabido, porque es este país nuestro, reserva espiritual de Europa,en la que los gobernantes iban bajo palio, nadie mandaba más que el cura desde su púlpito, predicando abstinencia y castidad.
Y actuando como auténticos sepulcros blanqueados. Me rebela pensar, sólo pensar, lo que hacían tras los sermones.
Sé que no hay que generalizar, que en todos los cestos hay manzanas podridas que hay que retirar.
Y que a veces, hay que tirarlas todas, incluido el cesto.
¿Cómo tendría que llamar a las docenas de sacerdotes, obispos y demás que han abusado de cientos de niños mientras predicaban las maldades del sexo? Sepulcros blanqueados. Limpios y pulcros por fuera, y repletos de gusanos e inmundicia por dentro. La definición se queda corta, cortísima. He vuelto a leer, hoy mismo, en un diario nacional, un amplio reportaje sobre los abusos en la Casa Pía de Portugal. Pero ayer fue sobre suicidios de niños en Bélgica, agobiados por el peso de una culpa que no es suya, y anteayer el escenario era Irlanda. Y estados Unidos, con las violaciones a más de doscientos niños sordos, y en Chile, y en España. Y en muchos otros sitios de los que nunca nos enteraremos, porque gracias a la Santa Madre Iglesia sabemos que el sexo es sucio, pecaminoso, que no debemos hablar de ello, que decir preservativo es ofender a Dios, que los homosexuales son enfermos o viciosos tarados, que la mujer incita al pecado, que...
Eso lo he sabido siempre, porque soy de colegio de monjas. Todos lo hemos sabido, porque es este país nuestro, reserva espiritual de Europa,en la que los gobernantes iban bajo palio, nadie mandaba más que el cura desde su púlpito, predicando abstinencia y castidad.
Y actuando como auténticos sepulcros blanqueados. Me rebela pensar, sólo pensar, lo que hacían tras los sermones.
Sé que no hay que generalizar, que en todos los cestos hay manzanas podridas que hay que retirar.
Y que a veces, hay que tirarlas todas, incluido el cesto.
viernes, 10 de septiembre de 2010
LA HOGUERA DE LAS VANIDADES (A propósito de las quemas del Corán)
Vamos p'atrás como los cangrejos. Yo creía que eso de arrojar a la hoguera libros, cuadros, pergaminos, legajos y demás bienes relacionados con la cultura había pasado a la Historia. Lo de la famosa "Hoguera de las Vanidades" creo que fue en Florencia, allá por el siglo XV, cuando seguidores de un monje iluminado quemaron miles de objetos "inmorales y pecaminosos", tales como partituras musicales, espejos, maquillajes, cuadros de la mitología clásica y, por supuesto, libros.
Como casi todos, tengo en la memoria la quema de la biblioteca de Alejandría, las "hazañas" de la Inquisición, lanzando al fuego purificador libelos herejes sin fin, o la condena a todos los textos andalusies escritos en árabe (gesta que nos podemos apuntar los españoles, junto con la destrucción de textos mayas y de otras culturas indígenas que siguió a la conquista de América).
Si me apuran, me vengo más cerca en el tiempo, hasta la Alemania nazi y la terrible noche en la que ardieron millones de páginas inocentes en su mayoría. Y dicen las malas lenguas que, tras el golpe de Pinochet, miles de libros sufrieron la cruenta represión de los vencedores.
Está claro, tras este breve repaso por las desdichas del papel impreso o manuscrito, que no son precisamente los más cultos o los más tolerantes (o los que tienen menos complejos), los "asesinos" de libros. En cualquier caso, la Historia ya los ha juzgado.
Pero yo no me resisto a juzgar al imbécil que está promocionando, desde hace unos días, la quema del Corán en Estados Unidos, creo que en Florida. Independientemente de las connotaciones políticas que puede tener tal llamamiento, en los tiempos que corren, quemar un libro es un sacrilegio (y no digo yo que muchos no merezcan el olvido más absoluto). Me da igual el Corán que la Biblia que la Torah o el Kamasutra. Si además, el "pirómano" lo hace por falta de respeto, por intolerancia o por ganar feligreses, es como para pensar en Juana de Arco con cara de Terry Jones ¿Cogéis la idea? Eso es, que el pastor de marras es el que tendría que figurar en lo alto de la pira, con la leña a los pies y un montón de gente increpándole.
En fin, como no somos todos iguales, esperemos que se imponga la cordura, que la historia no se repita, que no volvamos a la Inquisición o a Alejandría.
Que pasemos página.
Como casi todos, tengo en la memoria la quema de la biblioteca de Alejandría, las "hazañas" de la Inquisición, lanzando al fuego purificador libelos herejes sin fin, o la condena a todos los textos andalusies escritos en árabe (gesta que nos podemos apuntar los españoles, junto con la destrucción de textos mayas y de otras culturas indígenas que siguió a la conquista de América).
Si me apuran, me vengo más cerca en el tiempo, hasta la Alemania nazi y la terrible noche en la que ardieron millones de páginas inocentes en su mayoría. Y dicen las malas lenguas que, tras el golpe de Pinochet, miles de libros sufrieron la cruenta represión de los vencedores.
Está claro, tras este breve repaso por las desdichas del papel impreso o manuscrito, que no son precisamente los más cultos o los más tolerantes (o los que tienen menos complejos), los "asesinos" de libros. En cualquier caso, la Historia ya los ha juzgado.
Pero yo no me resisto a juzgar al imbécil que está promocionando, desde hace unos días, la quema del Corán en Estados Unidos, creo que en Florida. Independientemente de las connotaciones políticas que puede tener tal llamamiento, en los tiempos que corren, quemar un libro es un sacrilegio (y no digo yo que muchos no merezcan el olvido más absoluto). Me da igual el Corán que la Biblia que la Torah o el Kamasutra. Si además, el "pirómano" lo hace por falta de respeto, por intolerancia o por ganar feligreses, es como para pensar en Juana de Arco con cara de Terry Jones ¿Cogéis la idea? Eso es, que el pastor de marras es el que tendría que figurar en lo alto de la pira, con la leña a los pies y un montón de gente increpándole.
En fin, como no somos todos iguales, esperemos que se imponga la cordura, que la historia no se repita, que no volvamos a la Inquisición o a Alejandría.
Que pasemos página.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Colecciones
Bueno, pues ya hemos vuelto (llevo una semana, pero no he tenido tiempo de aparecer por aquí). He vuelto yo, que soy lo de menos, ha vuelto septiembre, el inicio del curso y...¡TA CHAN...! Han vuelto las colecciones.
No sé por donde empezar a escribir. Están todas aquí, en mi cabeza, procedentes de la tele, de la radio, de los periódicos y de un par de revistas. Giran, se mueven , todas quieren ser las primeras, ocupar sitio preferente en este espacio, en las vitrinas, en los aparadores. Los camiones de antaño avanzan decididos desplazando a los abanicos de grandes diseñadores, que aletean airados, aunque con la confianza que da tener mueble propio, que también se colecciona. Suenan las sirenas de los barcos de guerra, y los gritos de los soldados de la Segunda Guerra Mundial , impecable formación en el mueble del salón Ya no hay paredes para albergar los cuadros de punto de cruz, realizados con lo aprendido en los fascículos coleccionables de hace un par de temporadas. La casa de muñecas cría polvo y pelusas en el trastero, junto a media docena de cajas que contienen la Guerra Civil Española, las Fiestas populares y la Historia de Egipto.
En fin, que empieza la temporada, y otro año más que no me decido, que tengo que decir con vergüenza eso de "yo nunca he coleccionado nada". Ni cromos, ni recortables de muñecas, ni chapas, ni canicas ni conchas de la playa. Ni tan siquiera las películas o libros que vienen con el periódico que compro a diario. Siempre sucumbo a la cara de circunstancias del kiosquero que me pide el cupón para un cliente de toda la vida (como sin yo fuera de anteayer).
Y sigo sin colecciones e imaginando con envidia cómo debe ser eso de esperar al lunes para que te den el próximo abanico o el cañón del barco o la chaisse longue de la casita de muñecas o el hilo rojo de seda para hacer un angelote de petit point.
Mientras me decido, almaceno sonrisas, experiencias, amigos, sensaciones, ilusiones, esperanzas... No lucen en las vitrinas, es verdad, pero ocupan su lugar en mi vida. Y no acaban con el final del curso.
No sé por donde empezar a escribir. Están todas aquí, en mi cabeza, procedentes de la tele, de la radio, de los periódicos y de un par de revistas. Giran, se mueven , todas quieren ser las primeras, ocupar sitio preferente en este espacio, en las vitrinas, en los aparadores. Los camiones de antaño avanzan decididos desplazando a los abanicos de grandes diseñadores, que aletean airados, aunque con la confianza que da tener mueble propio, que también se colecciona. Suenan las sirenas de los barcos de guerra, y los gritos de los soldados de la Segunda Guerra Mundial , impecable formación en el mueble del salón Ya no hay paredes para albergar los cuadros de punto de cruz, realizados con lo aprendido en los fascículos coleccionables de hace un par de temporadas. La casa de muñecas cría polvo y pelusas en el trastero, junto a media docena de cajas que contienen la Guerra Civil Española, las Fiestas populares y la Historia de Egipto.
En fin, que empieza la temporada, y otro año más que no me decido, que tengo que decir con vergüenza eso de "yo nunca he coleccionado nada". Ni cromos, ni recortables de muñecas, ni chapas, ni canicas ni conchas de la playa. Ni tan siquiera las películas o libros que vienen con el periódico que compro a diario. Siempre sucumbo a la cara de circunstancias del kiosquero que me pide el cupón para un cliente de toda la vida (como sin yo fuera de anteayer).
Y sigo sin colecciones e imaginando con envidia cómo debe ser eso de esperar al lunes para que te den el próximo abanico o el cañón del barco o la chaisse longue de la casita de muñecas o el hilo rojo de seda para hacer un angelote de petit point.
Mientras me decido, almaceno sonrisas, experiencias, amigos, sensaciones, ilusiones, esperanzas... No lucen en las vitrinas, es verdad, pero ocupan su lugar en mi vida. Y no acaban con el final del curso.
lunes, 2 de agosto de 2010
DE OPOSICIONES Y SISTEMA EDUCATIVO
Jugar a dioses
Este año sí voy a hacer algo, y, para ello, después de echar un vistazo a los resultados publicados en Andalucía, quiero llamar la atención sobre algunos datos concretos, aunque la lista sería interminable.
En las recientes oposiciones al cuerpo de profesores de Música, algunos
tribunales han debido sentirse muy bien con el juego de poder que tenían en sus manos, aunque ello nos provoque más de un escalofrío a quienes creemos en las personas, en la calidad humana y en los sistemas de enseñanza.
Concretamente en el tribunal de Fagot, en Málaga, las calificaciones otorgadas en el ejercicio A, el del tema escrito, dan mucho que pensar:
Sólo 4 de las 28 personas que lo han hecho han merecido una nota superior al 3,pero es que ¡hay más de 20 con una calificación inferior al 1!, y ¡sólo 2 personas aprobadas, con 5 y 5’5 respectivamente!. Es decir, que más del 93% de los titulados superiores en música son muy deficientes en cuanto a conocimientos, expresión, ortografía…
Estos datos pueden compararse con otros similares en trompa, flauta…., y es
posible que también en las oposiciones al resto de los Cuerpos de Enseñanzas Medias, aunque en algunos es mucho más llamativo que en otros. ¿Y queremos implantar sistemas educativos de calidad? Si estos tribunales han actuado con justicia, más nos valdría importar docentes para las próximas generaciones, pues observo que los aprobados son en su mayoría sólo eso, aprobados (no hay notables ni sobresalientes), y, en algunos casos, con un cero redondo o un cero y pico en alguno de los ejercicios (¡!).
¿Qué estamos haciendo en los Institutos con la enseñanza de la Secundaria y del Bachillerato?, ¿Y en los Conservatorios Profesionales y en los Superiores?. ¿Estamos regalando títulos? ¿Estamos facturando personas analfabetas para que accedan al mercado laboral y profesional?. ¿Estamos regalando Sobresalientes en las Pruebas de acceso a la Universidad y a los Conservatorios Superiores?
No, de ningún modo. Lo que ocurre es que las personas que han pasado muchos años formándose y estudiando duro para prepararse para trabajar han tenido la mala fortuna de enfrentarse a tribunales formados por personas sin sensibilidad, que deben pensar que con ellos se rompió el molde y ya nada ni nadie es válido.
Porque obtener una calificación de un cero y pico en un tema sobre Clasicismo y Romanticismo es humillante, pero no humilla a quien recibe esa nota, sino a quien la pone. Cualquier estudiante de ESO sabe escribir unas líneas sobre ello, y si es de Bachillerato, escribirá más de unas líneas. Si, además, ha estudiado Historia de la Música en el Conservatorio durante el Grado Medio (Profesional, ahora, que por lo visto es importantísimo lo de la terminología) y durante el Grado Superior, entonces el conocimiento da para unos folios. Y si, además, ha estado elaborando y preparando los temas para una Oposición, pues qué decir… Que, con toda seguridad, da sopas con
honda al miembro (o miembra) del Tribunal que más se precie.
Si pensamos en temas como Física de los tubos sonoros, de Acústica, y sabemos que hay personas que han completado estudios de otras carreras como Ingenierías o Ciencias Físicas, o pensamos en los temas de Didáctica y en personas con una segunda titulación en Pedagogía, Magisterio… y vemos las calificaciones obtenidas, pues ¿qué decir?. Más de lo mismo.
Da que pensar también el hecho de que, en algunos tribunales, sorprendentemente sólo hay tantos aprobados como plazas, es decir, que ¿sin hacer cálculos previos se obtienen calificaciones de cuatro coma noventa y tantos o cuatro coma ochenta y tantos, justo para que aprueben el número adecuado? Competencia matemática se llama eso.
Mención aparte merece el tema de la parte práctica (B1, B2, B3). Que haya tantos titulados superiores con calificaciones tan bajas en el ejercicio de tocar huele nuevamente a opinión de dioses. Que sólo los de informe puedan acceder a una buena calificación en la Unidad Didáctica. Que las Programaciones que se elaboran y defienden merezcan esas calificaciones…Que, si alguien ha conseguido aprobar uno de los ejercicios tenga una bajísima nota en otro (para compensar, supongo). Nuevamente hablamos de competencia matemática.
Si a todo esto unimos el hecho de que hay personas suficientemente vocingleras que pertenecen a un tribunal como para que algo de lo ocurrido dentro trascienda, pues la desesperación va en aumento. Prefiero no citar los comentarios oídos al respecto porque hieren y degradan a quienes los hicieron y a los que compartían mesa de tribunal.
No sé si se trata de jugar a dioses o de personas que se dejan guiar, o si,
simplemente, es mezquindad. Lo que sí sé como profesora de instituto con más de 30 años de experiencia, es que conozco personalmente a muchos de los que se han examinado, y resulta injusto que alguien que se prepara una oposición para ganar una plaza se encuentre con que no sólo no la tiene, sino que se le insulta con unas notas que no se ajustan a sus capacidades. ¿Tan difícil es corregir con justicia, poner las notas que cada cual se merece y que gane el mejor?.
De todos modos, ya se encargarán luego las diferentes comisiones de baremación de aplicar de forma arbitraria los criterios de valoración de méritos (un premio compartido o una publicación compartida que sólo se reconoce a una persona, un mismo curso que vale para unos y no para otros, una segunda titulación superior que no se reconoce…)
En todos los niveles del sistema educativo, hay posibilidad de conocer los
criterios de evaluación y reclamar cuando no se está de acuerdo. En las Pruebas de Acceso a los Estudios de Grado (PAEG, antes PAU, y antes Selectividad), el alumnado y sus familias tienen la posibilidad de solicitar una segunda corrección y una revisión de las calificaciones. Pues bien, en unas Oposiciones, la única vía es ir contra la Resolución por la que se declaran aptos quienes aprueban. Es decir, que se maten unos a otros, que los opositores ejerzan de eso, de opositores. Y no se trata de eso, pues quienes han aprobado y obtenido plaza no son los culpables: Se trata de protestar
porque no se califica con justicia, porque, cada vez que hay oposiciones, empieza nuevamente la duda de cómo enfocar los temas, la programación, las unidades didácticas…
Porque se está a expensas de unos criterios cambiantes, de unos intereses
particulares y grupales cambiantes (¿para qué sirven los sindicatos, aparte de para tener liberados?), y lo que sirve un año es malo al siguiente, y viceversa.
Cada año veo cómo los compañeros interinos encaran con angustia las próximas oposiciones y se plantean cambiar de sitio donde opositar, y veo cómo los que van terminando sus carreras intentan acceder a la enseñanza y se resignan a quedar en un puesto razonable para poder coger alguna sustitución o interinidad. Y hay que decirles que luego se tendrán que enfrentar no sólo a otros opositores igual o mejor preparados que ellos, sino a un sistema complejo de intereses y a Tribunales que juegan a ser dioses
.
Cada año, cuando hay oposiciones a los diferentes cuerpos de enseñanza, observamos algunas cosas sorprendentes y comentamos en diversos círculos acerca de lo injusto del sistema, pero luego nos olvidamos del tema y se deja pasar el tiempo sin hacer nada.
Este año sí voy a hacer algo, y, para ello, después de echar un vistazo a los resultados publicados en Andalucía, quiero llamar la atención sobre algunos datos concretos, aunque la lista sería interminable.
En las recientes oposiciones al cuerpo de profesores de Música, algunos
tribunales han debido sentirse muy bien con el juego de poder que tenían en sus manos, aunque ello nos provoque más de un escalofrío a quienes creemos en las personas, en la calidad humana y en los sistemas de enseñanza.
Concretamente en el tribunal de Fagot, en Málaga, las calificaciones otorgadas en el ejercicio A, el del tema escrito, dan mucho que pensar:
Sólo 4 de las 28 personas que lo han hecho han merecido una nota superior al 3,pero es que ¡hay más de 20 con una calificación inferior al 1!, y ¡sólo 2 personas aprobadas, con 5 y 5’5 respectivamente!. Es decir, que más del 93% de los titulados superiores en música son muy deficientes en cuanto a conocimientos, expresión, ortografía…
Estos datos pueden compararse con otros similares en trompa, flauta…., y es
posible que también en las oposiciones al resto de los Cuerpos de Enseñanzas Medias, aunque en algunos es mucho más llamativo que en otros. ¿Y queremos implantar sistemas educativos de calidad? Si estos tribunales han actuado con justicia, más nos valdría importar docentes para las próximas generaciones, pues observo que los aprobados son en su mayoría sólo eso, aprobados (no hay notables ni sobresalientes), y, en algunos casos, con un cero redondo o un cero y pico en alguno de los ejercicios (¡!).
¿Qué estamos haciendo en los Institutos con la enseñanza de la Secundaria y del Bachillerato?, ¿Y en los Conservatorios Profesionales y en los Superiores?. ¿Estamos regalando títulos? ¿Estamos facturando personas analfabetas para que accedan al mercado laboral y profesional?. ¿Estamos regalando Sobresalientes en las Pruebas de acceso a la Universidad y a los Conservatorios Superiores?
No, de ningún modo. Lo que ocurre es que las personas que han pasado muchos años formándose y estudiando duro para prepararse para trabajar han tenido la mala fortuna de enfrentarse a tribunales formados por personas sin sensibilidad, que deben pensar que con ellos se rompió el molde y ya nada ni nadie es válido.
Porque obtener una calificación de un cero y pico en un tema sobre Clasicismo y Romanticismo es humillante, pero no humilla a quien recibe esa nota, sino a quien la pone. Cualquier estudiante de ESO sabe escribir unas líneas sobre ello, y si es de Bachillerato, escribirá más de unas líneas. Si, además, ha estudiado Historia de la Música en el Conservatorio durante el Grado Medio (Profesional, ahora, que por lo visto es importantísimo lo de la terminología) y durante el Grado Superior, entonces el conocimiento da para unos folios. Y si, además, ha estado elaborando y preparando los temas para una Oposición, pues qué decir… Que, con toda seguridad, da sopas con
honda al miembro (o miembra) del Tribunal que más se precie.
Si pensamos en temas como Física de los tubos sonoros, de Acústica, y sabemos que hay personas que han completado estudios de otras carreras como Ingenierías o Ciencias Físicas, o pensamos en los temas de Didáctica y en personas con una segunda titulación en Pedagogía, Magisterio… y vemos las calificaciones obtenidas, pues ¿qué decir?. Más de lo mismo.
Da que pensar también el hecho de que, en algunos tribunales, sorprendentemente sólo hay tantos aprobados como plazas, es decir, que ¿sin hacer cálculos previos se obtienen calificaciones de cuatro coma noventa y tantos o cuatro coma ochenta y tantos, justo para que aprueben el número adecuado? Competencia matemática se llama eso.
Mención aparte merece el tema de la parte práctica (B1, B2, B3). Que haya tantos titulados superiores con calificaciones tan bajas en el ejercicio de tocar huele nuevamente a opinión de dioses. Que sólo los de informe puedan acceder a una buena calificación en la Unidad Didáctica. Que las Programaciones que se elaboran y defienden merezcan esas calificaciones…Que, si alguien ha conseguido aprobar uno de los ejercicios tenga una bajísima nota en otro (para compensar, supongo). Nuevamente hablamos de competencia matemática.
Si a todo esto unimos el hecho de que hay personas suficientemente vocingleras que pertenecen a un tribunal como para que algo de lo ocurrido dentro trascienda, pues la desesperación va en aumento. Prefiero no citar los comentarios oídos al respecto porque hieren y degradan a quienes los hicieron y a los que compartían mesa de tribunal.
No sé si se trata de jugar a dioses o de personas que se dejan guiar, o si,
simplemente, es mezquindad. Lo que sí sé como profesora de instituto con más de 30 años de experiencia, es que conozco personalmente a muchos de los que se han examinado, y resulta injusto que alguien que se prepara una oposición para ganar una plaza se encuentre con que no sólo no la tiene, sino que se le insulta con unas notas que no se ajustan a sus capacidades. ¿Tan difícil es corregir con justicia, poner las notas que cada cual se merece y que gane el mejor?.
De todos modos, ya se encargarán luego las diferentes comisiones de baremación de aplicar de forma arbitraria los criterios de valoración de méritos (un premio compartido o una publicación compartida que sólo se reconoce a una persona, un mismo curso que vale para unos y no para otros, una segunda titulación superior que no se reconoce…)
En todos los niveles del sistema educativo, hay posibilidad de conocer los
criterios de evaluación y reclamar cuando no se está de acuerdo. En las Pruebas de Acceso a los Estudios de Grado (PAEG, antes PAU, y antes Selectividad), el alumnado y sus familias tienen la posibilidad de solicitar una segunda corrección y una revisión de las calificaciones. Pues bien, en unas Oposiciones, la única vía es ir contra la Resolución por la que se declaran aptos quienes aprueban. Es decir, que se maten unos a otros, que los opositores ejerzan de eso, de opositores. Y no se trata de eso, pues quienes han aprobado y obtenido plaza no son los culpables: Se trata de protestar
porque no se califica con justicia, porque, cada vez que hay oposiciones, empieza nuevamente la duda de cómo enfocar los temas, la programación, las unidades didácticas…
Porque se está a expensas de unos criterios cambiantes, de unos intereses
particulares y grupales cambiantes (¿para qué sirven los sindicatos, aparte de para tener liberados?), y lo que sirve un año es malo al siguiente, y viceversa.
Cada año veo cómo los compañeros interinos encaran con angustia las próximas oposiciones y se plantean cambiar de sitio donde opositar, y veo cómo los que van terminando sus carreras intentan acceder a la enseñanza y se resignan a quedar en un puesto razonable para poder coger alguna sustitución o interinidad. Y hay que decirles que luego se tendrán que enfrentar no sólo a otros opositores igual o mejor preparados que ellos, sino a un sistema complejo de intereses y a Tribunales que juegan a ser dioses
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